Escrito por la líder comunitaria y víctima de la violencia, Adelaida Davila Estupiñan.
El prefacio, está escrito, deliciosamente, por una de las mejores plumas del Huila: Santiago Villareal, Actualmente, censurado por algunos medios hegemónicos del poder regional. Suceso que es inadmisible en una sociedad plural y democrática.
Por lo pronto, deleitémonos con este bello introductorio al libro de Adelaida.
«Nidos de muchileros colgando de las ramas de grandes y viejos árboles, algunos centenarios, en cuyo interior se calienta el hálito que dará continuidad a ese hilo de vida que por millones de años se ha mantenido en continua evolución. Lianas que se enredan en arbustos y árboles por cuyo sendero transitan diminutos insectos en un devenir incomprensible para el ojo humano, pero que hace parte de esa cadena de la biodiversidad.
Aguas amarillas estancadas donde se albergan formas de vida primitivas, que en tiempos de verano merman su nivel y en invierno ensancha su estancia, muchas veces hasta alcanzar ríos y quebradas. Aguas mansas de ríos donde la vida se mueve a cada segundo y cuyo caudal aumenta a cada paso, bañando la inmensidad de la Amazonía.
Eso es el Bajo Putumayo. Un nido donde a cada instante se gestan cientos de miles de manifestaciones de vida en todas sus formas: desde la verde flora hasta la multicolor fauna, pasando por el humano que colonizó a sangre y fuego sus coloradas tierras.
La historia del Bajo Putumayo está escrita con sangre, humana y animal. Aunque las dos especies de vida están entrelazadas entre sí, y a veces no sabemos discernir cuál de esas dos sea más cruel.»
