Así yo lo hacía y le llevaba la gran obra literaria más reconocida en mi infancia, el almanaque pintoresco de Bristol, tenia escasos 7 años y corría entre la multitud por el encargo, en medio de la algarabia en la plaza de mercado en mi pueblo natal.
Sin lugar a dudas este documento era el internet actual para mi padre en esa época.
Leer sus historias, sus lunas, sus chistes era lo más cercano en la humildad de mis viejos a los grandes libros de literatura, acción que realizábamos en la ruta a la vereda en chiva leyendo el libro que podíamos encontrar en aquellas épocas del 82 de manera fácil y sin tanto misterio, más que el deseo de mis padres campesinos de reconocer la época precisa para la siembra del frijol o de la yuca o la arracacha entre otros productos de la labranza en la parcela de mi viejo.
Su Historia.
El Almanaque de Bristol cuyo nombre completo es «Almanaque pintoresco de Bristol» es una publicación de la empresa Lanman & Kemp-Barcalay & Co. Inc de Nueva Jersey, EE.UU., para promocionar sus productos de jabonería y perfumería y que se publica continuamente desde 1832, siendo muy popular en los países de Hispanoamérica y Brasil desde principios del siglo XX, para los cuales la empresa saca ediciones por país o región.
El almanaque pintoresco de Bristol se edita e imprime en Nueva Jersey con cerca de cinco millones de ejemplares que se distribuyen para Colombia, Perú, Ecuador, Bolivia, Panamá, Nicaragua, El Salvador, Honduras, México, zona del Caribe y en la costa este de los Estados Unidos, así como en el Brasil.
El Observatorio Naval de los Estados Unidos es el encargado de realizar los estudios sobre predicciones del tiempo, mareas y cálculos astronómicos para cada país en el que se distribuye.
En principio es gratuito, pero se vende, aunque a precios muy bajos e incluso ha sido objeto de falsificaciones.
El almanaque de Bristol por su popularidad es mencionado por varios escritores latinoamericanos destacados como parte de lo cotidiano o como referencia y fuente de consulta común de los personajes de novelas y cuentos, como es el caso de Gabriel García Márquez en las novelas «La hojarasca» y «El amor en los tiempos del cólera», así como en sus memorias «Vivir para contarla». Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares también lo mencionan en su obra conjunta publicada con el seudónimo H. Bustos Domecq «Seis problemas para don Isidro Parodi» y lo mismo que Miguel Ángel Asturias en «Mulata de tal», así como el escritor salvadoreño Napoleón Rodríguez Ruiz lo menciona en su novela costumbrista Jaraguá.
El historiador y ensayista colombiano Germán Arciniegas señaló que el almanaque de Bristol tuvo en el una profunda influencia y dice:
Mi curiosidad literaria, como la de casi todos los de mi generación, no nació de haber caído en mis manos ni Homero, ni Cervantes, ni Virgilio, sino el Almanaque de Bristol.
Su historia la podemos visualizar en un texto académico que presenta la historia de esta impresionante obra en gran medida publicitaria que ha viajado de la ciudad al campo como libro obligado de consulta por muchas generaciones de campesinos entre ellos mis padres:
“Un día en la plaza o una Introducción
Una mañana de un lunes cualquiera comienzan su llegada los Vehículos llenos de bultos de frutas, tubérculos, verduras entre otras provisiones que han viajado en esta madrugada.
Mientras se saborea la fresca aromática, se ve un cielo plomizo que trasluce lentamente aces de luz matutinos, Abastos comienza su cotidianidad entre personajes que corren con bultos en sus espaldas y las sonrisas tímidas de la mujer que vende la Canela y los atados de Ruda, es difícil de entender como este caos de voces que relampaguean entre promociones y regateos forman parte de esa armonía de lo popular, la señora de los quesos, muy buenos, que se traen desde Arcabuco suele dialogar con el carretillero, compartiendo algunas frases sabias y anécdotas de Lunes.
Un verdadero cuadro de costumbres, cuando un grito quiebra el dialogo de la señora ¡El Bristol, lleve el Bristol del 2009, a mil no más! Un hombre que ofrece entre otras cosas el popular veneno Racumin y las bolas de naftalina para cuidar la ropa de las polillas, ofrece la edición más reciente del Almanaque Pintoresco de Bristol, aquel librillo anaranjado de un contenido no mayor a 30 páginas en el cual se proyectan los pronósticos de los cambios lunares, los signos zodiacales, chistes, frases célebres entre otras curiosidades.
Ese mismo texto me remontó a mis abuelos, humildes campesinos que en aquella casa de tapia pisada solían guardar estos almanaques, colgados de un alambre, puedo recordar el de 1985 con su tragicomedia en ocho cuadros en la cual se desarrolla una situación disparatada que se evidencia en cada segmento desde el principio del texto hasta el fin del librillo.
Sin embargo, a mis 6 años de edad me llamaba la atención que los productos que se ofertaban eran aguas y colonias que jamás veía en el mercado y la impresión del extraño personaje de la portada que hacía que ese cuadernillo tuviera una presencia anquilosada y fina.
Con el paso del tiempo pude evidenciar que en lo sucesivo la edición de 1986, 1987, 1988 etc. Se caracterizaban por no variar en la presentación, la publicidad y si acaso con la suma de uno o dos en la lista de los santos tutelares que acompañan sus páginas.
El Bristol me ha dejado la inquietud de su existencia, la quietud de sus imágenes y formato, su venta en los mercados populares y su uso por parte de los campesinos; creo que representa un rasgo popular de la cultura.”
Mi padre vive, más de 80 años hoy le permiten contarme estas y más historias de su vida que es mi vida y su historia la de muchos campesinos de Colombia la que cuento.
Fuentes; Alvaro Perez Perez www.aldeasurcom, El Bristol: rasgos e imágenes de lo popular*de Andrés Fernando Castiblanco Roldán, wikipedia.
