con 25 kilos de explosivos. La bomba fue desactivada y nadie salió herido. Al día siguiente dijo al aire que si el problema era con él, que lo mataran, pero no era necesario volar toda la emisora, acabar con medio pueblo ni matar a sus familiares y a otros periodistas. Les gustara o no, Luis decía lo que pensaba desde su micrófono.

A sus 64 años Peralta era difícil de amedrentar. Creció y envejeció en El Doncello, pueblo del Caquetá, fortín de las Farc. Es aquí donde alias ‘Raúl Reyes’ fue concejal, cuando aún se llamaba Luis Édgar Devia. El mismo lugar en el que Luciano Marín fue profesor de biología , antes de tomar el alias de ‘Iván Márquez’.

Hizo periodismo alrededor de las montañas que durante décadas controló la guerrilla. Y también contó las noticias en los tiempos en los que los hermanos Castaño ayudaron a conformar el Bloque Caquetá y el Bloque Sur de los Andaquíes.

Sus primeros días en la radio no fueron los mejores. Fue en Paujil, un pequeño municipio caqueteño, 23 años atrás. Lo hizo como pirata, sin licencias ni permisos. Llevaba pocos meses cuando hizo su primera denuncia importante: se estaban robando una plata en la construcción de una calle. Después de eso y con suma diligencia, un funcionario se presentó para pedirle los permisos de funcionamiento. Horas después, le cerraron para siempre la precaria emisora. Lección aprendida.

Tiempo después, montó Linda Estéreo, la emisora del norte del departamento con más audiencia, mayor cobertura y con el equipo periodístico más grande. Al frente del micrófono, Peralta llamó “ladrones” a alcaldes y gobernadores; tildó de “inútiles” a instituciones como la Fiscalía o la Personería; y “charlatanes” o “loquitos” a los funcionarios públicos que prometían y no cumplían. Muchos frentes abiertos y demasiados enemigos para un pueblo “silencioso y peligroso”, como bien resume desde la ciudad de Florencia un funcionario que conoce las venas del Caquetá.

La fiesta de los ratones

Luis Peralta solía amenizar sus denuncias radiales con un pegajoso estribillo musical: “La fiesta de los ratones taba muy buena pero un ratón se emborrachó / Y por la bulla que allí formaba / Mira muchacho el gato de enfrente, se despertó”. La letra es de un viejo son cubano, una fábula que con mucho ritmo sirve también para dibujar la fiesta de la corrupción.

Durante los primeros dos meses de este año, Peralta se dedicó a denunciar la rocambolesca historia de un carro de basuras traído del extranjero que ha recorrido varias ciudades colombianas esperando ser comprado por algún alcalde pero que por distintas irregularidades el dueño no ha podido nacionalizarlo ni legalizarlo ante la DIAN.

“En la Alcaldía (de El Doncello) compraron un carro que estaba listo, pero nada. La historia del carro compactador es rara. Un señor de Nariño (José Jimmy Rosero Patiño) que visita todas las alcaldías del país, licitó y le aceptaron la compra del carro en Fresno (Tolima) por 227 millones de pesos. Sin embargo, este señor no le cumplió a la Alcaldía, el negocio se cayó y no le recibieron el carro. El señor se fue y ofreció el carro en El Doncello por 280 millones. La Alcaldía lo compró y no lo han podido sacar a la calle porque los papeles no están en regla”, contaba Peralta con sarcasmo.

Días después hizo otra denuncia, que también apuntaba a la Empresa de Servicios Públicos. Con estas palabras empezó el pasado 13 de febrero, el que sería, sin que él lo supiera, su último programa: “Empresas de Servicio es donde más se acumulan los actos de corrupción que hemos denunciado y como no alcanza la plata para tanta fiesta de ratones que hacen ahí, ahora aumentan la tarifa del agua y de la recolección de basuras. Como el carro de la basura costó tanta plata pues es lógico que ahora se incrementen los impuestos para el agua y recolección de basuras”.

Sus dardos apuntaban a Gustavo Quintero, el gerente de la empresa. “El apetito de Don Gustavo es voraz, y ahora resulta que les está cobrando a los campesinos por el alcantarillado, cuando ese servicio no se les está prestando”. PACIFISTA intentó comunicarse personal y telefónicamente con el señor Gustavo Quintero, pero no fue posible.

En su programa, Peralta dijo conocer a un mototaxista que le había confesado que le habían pagado 200 mil pesos por llevar unos materiales y simular que estaba haciendo obras de alcantarillado, para así justificar el alza en el cobro del servicio. “Aquí tengo el nombre de la persona que le pagó el cheque al mototaxista. Esto ya huele a delincuencia común, a atracadores. En esto se ha convertido la empresa pública del servicio público”. También dijo que el lunes 16 de febrero anunciaría el nombre de la persona que había pagado. El sábado 14, dos días antes, fue asesinado.

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“No pase por ahí, algo va a pasar en la emisora”

El 6 de febrero una empleada de la emisora, le dijo a Luis que había recibido una llamada extraña. Se trataba de una vecina alarmada porque un señor le había advertido que no caminara por la calle de la emisora. Algo malo sucedería.

Luis, preocupado, se dirigió a la Fiscalía del municipio. Pero según le contó a sus hijos, le dijeron que esa denuncia no tenía ningún soporte, “que era muy vaga, que no prosperaría y que eso era mejor no ponerla”. El comandante de la Policía de El Doncello, no da crédito a esa versión y explica que le habían pedido que volviera en media hora, porque en ese momento estaban ocupadas y Luis no regresó después.

Peralta también acudió con su grabación ante el Comandante de la Policía, el teniente Juan Felipe Jiménez, un joven veinteañero que tiene a su cargo la seguridad de casi treinta mil habitantes. El teniente hizo un acta, visitó dos veces la emisora para reunirse con Luis, y envió un requisito de protección para el periodista al comando de Florencia.

El comandante de la Policía de Florencia le dijo a PACIFISTA que nunca recibió esta solicitud pero que conocía las amenazas y que por eso había informado a la Unidad Nacional de Protección -UNP-, entidad cuyo mandato es ofrecer protección efectiva a la población de periodistas. La UNP nunca inició el trámite.

Al tiempo que esto sucedía, Peralta viajó hasta Florencia. Tenía malos presentimientos. Visitó con su grabación la Dirección General de Fiscalías y le dijeron lo mismo: que no había una amenaza específica contra él y que no se advertía que le fuera a pasar algo malo. Luis regresó al Doncello.

El último día

El sicario la tuvo fácil. De acuerdo con los investigadores de la Policía, Yean Arlex Buenaventura se bajó de la moto con un pañuelo que le cubría el rostro. Caminó sin prisa y, sin importarle los testigos que comían pollo en el restaurante, disparó. Luis tuvo tiempo de reaccionar, trató de huir pero otros dos disparos lo alcanzaron y cayó al piso. Las balas también alcanzaron a su esposa quien, dos meses después, continúa en cuidados intensivos.

Yean regresó a la moto y escapó. Al día siguiente tenía otro trabajo que realizar pero el encargo no salió bien y, a pesar de haber disparado cinco veces, la víctima sobrevivió.

Durante la audiencia de legalización, el homicida negó los cargos que le imputaron por los delitos de homicidio agravado, tentativa de homicidio y fabricación, tráfico y porte de armas de fuego o municiones. Sin embargo, aceptó ser el culpable de otras muertes: la de una señora en diciembre, otros dos hombres meses atrás y también del atentado cometido el día siguiente del homicidio de Peralta. Como le aseguró otra fuente a PACIFISTA: “Este tipo sabe que este muerto lo va a joder. Es muy costoso matar a un periodista”.

“Los que mandaron a matar a mi papá no se imaginaron cómo nos destrozaron la vida a toda la familia. Uno se imagina que estas cosas le pasan a los que roban o hacen cosas malas, nunca pensé que esto le pasaría a alguien que lo único que hacía era decir lo que pensaba y denunciar”, dijo con tristeza, uno de los cuatro hijos de Luis.

Han pasado dos meses y en el Doncello sigue la incertidumbre. Los campesinos ya no escuchan los saludos matutinos de Luis ni sus denuncias ni sus apuestas periodísticas. No han vuelto a escuchar del carro de basura que recorre las calles con un impacto de bala por un enfrentamiento reciente entre policías y guerrilleros. Los vecinos de municipios como El Paujil o Cartagena del Chaira tampoco conocen en qué andan sus mandatarios, sus obras inconclusas, si se van a entregar o si hay sobrecostos.

Hay silencio, apagaron a Linda Estéreo.

Por: Jonathan Bock  extraído de;

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