Por: Karen Sofia Campo Troches
Antes de que salga el sol y se escuche el primer cantar del gallo, muchas personas ya se encuentran de pie frente a los puntos de reclamación de medicamentos en Pitalito. No es una imagen esporádica ni una coincidencia, es la fotografía cotidiana de una ciudad de más de 143.000 habitantes que enfrenta una crisis silenciosa pero devastadora en su sistema de salud.
Lo que debería ser un trámite sencillo recoger los medicamentos que su EPS formuló se ha convertido en una prueba de resistencia física y emocional. Largas esperas de pie, sin garantía de sombra ni de techo, y al final de la fila, la posibilidad muy real de escuchar que el medicamento está agotado y que hay que volver otro día a repetir el proceso desde cero.
Esta no es una percepción ciudadana aislada las instituciones la han documentado. La Personería Municipal lleva meses haciendo seguimiento a lo que califica como una situación «particularmente compleja». Las quejas recurrentes apuntan especialmente a medicamentos de alto costo, insumos permanentes como pañales, retrasos en entregas y negaciones reiteradas por supuestos desabastecimientos.
El operador en el centro de la tormenta es Discolmedica, encargado de la dispensación de medicamentos para varias EPS en el municipio. Las inspecciones realizadas por la Secretaría de Salud del Huila evidenciaron fallas graves en la distribución, con inventarios insuficientes, falta de personal y una inexistente capacidad de entrega domiciliaria, problemas que afectan a más del 80% de los afiliados a EPS como Sanitas, Nueva EPS y Asmet Salud.
Según proyecciones del DANE, en 2025 Pitalito cuenta con aproximadamente 15.700 adultos mayores, quienes representan el 10,9% de la población total del municipio. Son precisamente ellos quienes predominan en las filas. Personas que, además de cargar con enfermedades crónicas, deben soportar largas jornadas de pie, expuestos al sol o a la lluvia, sin que nadie les garantice que al llegar al mostrador encontrarán lo que necesitan.
La situación es igualmente crítica para sus familias. Para acompañar o simplemente para hacer la fila en nombre de un familiar enfermo, muchos trabajadores deben pedir permisos laborales, costear transporte desde zonas rurales y sacrificar horas productivas en un trámite que el sistema debería resolver de manera ágil y digna.
El agotamiento no es solo físico. Es también emocional. Ver que las denuncias pasan desapercibidas, que las filas siguen, que los medicamentos siguen faltando, genera una fatiga ciudadana que erosiona la confianza en las instituciones.
Pitalito es la segunda ciudad más importante del Huila. Su gente merece un sistema de salud que funcione, no uno que castigue a quienes más lo necesitan. Mientras las entidades discuten contratos y deudas, los más afectados siguen siendo los pacientes adultos mayores, personas con enfermedades crónicas que enfrentan retrasos en diagnósticos y tratamientos incompletos.
Con la salud de los paisanos no se juega. Es hora de que las autoridades municipales, departamentales y las EPS involucradas respondan con hechos, no con promesas. Porque una persona que madruga a hacer una fila para recoger su medicamento no está pidiendo un favor está ejerciendo un derecho.

