Homenaje a Édgar Artunduaga.

“La vida es una tómbola” Édgar Artunduaga.
Nunca, así estuviera de mal genio, estaba serio o con rostro adusto. Para toda ocasión tenía una sonrisa y la verdad era porque nada, absolutamente nada le estresaba. “Yo ya estoy curtido de críticas, demandas, derechos de petición, solicitudes de rectificación y nunca he perdido una sola”, decía mientras se sentaba frente del portátil ante alguno de sus mordaces textos.

Édgar Artunduaga Sánchez hablaba sin pelos en la lengua y escribía de igual manera; eso lo llevó a tener enemigos y detractores, tanto en la política como en el periodismo, al punto que cuando trabajó en La Luciérnaga, de Caracol Radio, se ganó la enemistad del entonces presidente de la República, Andrés Pastrana Arango, quien ordenó su salida del programa que más lo hizo famoso. Eso lo contaba Édgar.

Amante del periodismo de calle, del tinto sin azúcar, de la política, del vallenato, de una buena tertulia y del whisky. Le gustaba vestir de corbata y andar con maletín en mano. Siempre decía que madrugar para trabajar en lo que a uno más le gusta no era un trabajo y que se quería morir feliz, haciendo radio y junto a su esposa. Así lo hizo.

Édgar, gran conversador y mamagallista de oficio, falleció en la mañana de este martes, en su casa, junto a su esposa Marcela Bobadilla, minutos antes de salir para su emisora Huila Stereo, desde donde hacía lo que más le gustaba: hacer periodismo desde una cabina de radio.

Édgar sabía y se ufanaba de que muchos personajes, famosos o no, poco lo querían o más bien casi nada y para él eso era de orgullo. “No le debo nada a nadie y eso me permite hablar sin tapujos”, decía mientras escribía sus textos, que nunca dejaron de tener picante, el picante que tanto le gustaba. “Hay que levantar polvareda”, también decía; pero siempre enseñó en las salas de redacción que ese picante y esa polvareda debían tener contundencia, fuentes y verdad.

Escuche el homenaje al periodista Édgar Artunduaga aquí

“Hermano” o “hermana”, era su palabra para iniciar cualquier charla con los periodistas y luego, para guiar o para enseñar algún tema en la sala de redacción, contaba varias anécdotas de su vida laboral o personal, como lo hacen varios de los periodistas de larga trayectoria. Una reunión la cual tendría que durar unos 15 minutos, con él, y su fascinación por la charla, podía extenderse por horas.

Édgar Artunduaga, como jefe, fue un buen maestro y como amigo, fue el mejor, así siempre lo recalcó Adriana Bernal, la presidenta y fundadora de KienyKe.com, amiga entrañable de Artunduga y Marcela Bobadilla, su esposa, a quien de cariño él y los más cercanos le dicen ‘Pachela’.
Artunduaga, como lo conocían sus oyentes, casi siempre fue hombre de radio. Entró a la radio cuando tenía 25 años, en el Huila, y en poco tiempo, gracias a su olfato periodístico y agudeza para la política, se convirtió en un periodista de referencia en el departamento, al punto que fue el primer director de RCN en Neiva, hace unos 45 años.

De la mano de Orlando Cadavid, llega a Bogotá, para abrirse carrera en la capital y logra con su potente voz, vincularse a las cadenas más importantes del país. De la mano de Hernán Peláez, en La Luciérnaga, logra gran reconocimiento.

Luego de su salida, de Caracol, orquestada por presiones políticas, a Artunduga le ofrecen, desde la presidencia de Caracol Radio, asilarse en España un tiempo, mientras Pastrana salía de la presidencia, pero él contaba que decidió renunciar, antes que escondérsele a la situación.
Aunque no fue fácil acomodarse en otros medios radiales, años más y tarde llega a ser el director de Radio Santa Fe, y el noticiero de Todelar.

Para inicio de siglo XXI decide lanzarse a la política y en el año 2002 se convierte en senador de la República con una excelente votación. Allí estuvo por un periodo, desde donde también, con orgullo, cazó varias peleas que lo llevaron a odiar aún más el poder corrupto de los políticos.

La política siempre fue tema de su interés. En las salas de redacción o en las cabinas de radio, siempre buscaba temas políticos de interés nacional para “sacarles punta”, como bien lo decía. Para él la verdaderas noticias están agarradas al poder y una de sus pasiones era sacarlas de ahí y ponerlas en conocimiento y si “levantan ampolla” (como también lo decía) el trabajo de ser periodista se estaba haciendo bien.

“Escríbalo que yo pongo la cara. Tenemos las fuentes que lo respaldan”, era su frase típica cuando a un periodista le daba miedo sacar algo al aire.

Aunque los políticos le temían, porque él sacaba noticia de cualquier conversación, todos le contestaban el teléfono.

Desde hace más de 30 años se endeudó hasta más no poder para comprar unas emisoras en el Huila, donde montó su sistema radial AS. Artunduaga sabía que esa cadena radial iba a ser su buena pensión cuando estuviera viejo. Esa también fue una lección para quienes lo conocimos de cerca. “Hay que montar una tienda para que lo mantenga de viejo, uno no se puede quedar solo con el sueldo”.

Sus emisoras, en Neiva y Pitalito fueron su tienda, por largos años se las tuvo arrendadas a Caracol Radio, hasta que en 2017 se las entregaron y, a partir de esa fecha decidió irse de Bogotá, para radicarse en Neiva con ‘Pachela’, como le decía a su amada esposa, y dirigir de primera mano sus emisoras, y así volvería a su gran pasión que era la radio

En la prensa escrita también hizo nombre. Trabajo para El Espacio y para el Periódico de Bogotá.

Artunduaga escribió 17 libros, la mayoría de ellos temas relacionados con poder político y periodismo. Fue ganador en cinco oportunidades del premio nacional de periodismo Simón Bolívar, pero los premios no le subían el ego, pero lo que sí se lo subía era ‘sacarle ampolla’ a los malos políticos.

Édgar llegó a KienyKe.com como columnista y mienbro de la junta editorial, después de un par de años aceptó la vicepresidencia de contenidos del medio, donde, según lo decía, se enamoró del periodismo digital y su fuerza.

Cuando se despidió de KienyKe.com, después de agradecer su paso por la casa editorial, dijo que se iba porque irse para su tierra era algo que junto con su esposa habían previsto y habían soñado.

“Lo tenía en mis planes y sucede hoy, porque definitivamente la vida es una tómbola”, Édgar Artunduaga.

Por: Mauricio Cárdenas /KienYKe

PeriodistaCapital

PERIODISTA BOGOTA

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